6 de diciembre de 2017

VIVIR PELIGROSAMENTE




Seguramente ustedes piensan que los edredones nórdicos se llaman así porque están hechos con el plumón del eider y porque son un invento nórdico para sobrevivir a las bajísimas temperaturas con que han sido, a saber por qué, castigados por el Altísimo. Pues no, siento decepcionarles. Se llaman nórdicos porque cambiar sus fundas, cuando es menester, es trabajo de vikingos. Si, créanme, solo guerreros tan valientes, poderosos y arrojados como ellos son capaces de hacerlo y no morir en el intento. Frente a eso, salir en drakar de saqueo y pillaje y manejar espadas y hachas es pecata minuta y trabajo de nenazas; se lo juro por lo más sagrado.
Algo debo yo tener de vikinga, porque esta mañana he cambiado dos fundas nórdicas y…aquí estoy para contarlo. Aunque a duras penas, no vayan ustedes a creer.
Para añadir drama y complicación al asunto el perro, en lugar de ayudarme, andaba por medio metiendo bulla, ladrando y alborotando. Aunque el pobrecito mío no tiene culpa, hay que ser justos. Seguramente pensó, con buen tino, que su madre humana estaba a punto de perecer sepultada entre plumones y telas, y al pobre le entró el pánico de quedarse de nuevo en la calle.
Lo cierto es que la próxima vez tomaré precauciones, porque, aunque ya paso del medio siglo todavía me considero joven para morir. Cuando decida vivir peligrosamente, antes dejaré aviso a los GEOS, la Legión y la Guardia Civil, por si las moscas, y sobre todo por si tienen que venir a rescatarme.
Y cambiaré mi testamento, que ahora que me acuerdo, hay cosas del último que otorgué que no me convencen demasiado. Otra cosa que he anotado para que no se me olvide es que me oigan en confesión, por si a pesar de todo perezco en el intento. Quiero que la muerte me encuentre limpita de pecado. Y me vestiré adecuadamente; nada de ir en pijama y bata zarrapastrosa, como hoy. No, tengan por seguro que pienso ponerme mis mejores galas; tacones y morros pintados. Y bolso, que no se me olvide el bolso, que es muy socorrido llevar lo imprescindible que yo guardo en el bolso para presentar mis respetos a San Pedro; a saber: varios pilots azules del número siete, perfume, cuadernos para escribir, lápices de labios de variados colores, pañuelos de papel, el móvil, las tarjetas de crédito (nunca se sabe si en el Más Allá habrá rebajas en ese momento), tijeras, el destornillador que llevo desde hace años, y ya no me acuerdo para qué, el pasaporte, por si el Cielo queda fuera de la Unión Europea, que nunca se sabe; y creo que no me olvido nada…Si fuese así supongo que me dejarán volver, aunque sea en modo holograma, como Puigdemont.
Y ahora, para curarme del trauma que me ha causado semejante trabajina, me voy a comer a casa de mi Mamá. Necesito que me mimen y me hagan sopitas.

2 comentarios:

  1. La risa sigue siendo un remedio infalible!! Cuidate, un abrazo muy fuerte !!

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