27 de febrero de 2018

FRAGMENTO 2


Y al día siguiente, después de haber llevado a Ana al Instituto, decidió ir a desayunar con su suegra. La encontró ya perfectamente vestida y maquillada. Admiraba a las mujeres que desde buena mañana aparecían vestidas ya como para tener una audiencia con el Rey o el Papa. Ella, si no tenía planeado salir de casa solía ir todo el día con pintas de zarrapastrosa, y tan solo, como concesión a la higiene, desechaba el pijama de la noche para ponerse otro limpio. No era capaz de escribir bien vestida, las ideas no le llegaban.
Matilde se alegró de ver a su nuera. Siempre se habían llevado bien y le había sido más fácil comunicarse con ella que con su propio hijo.
—Supongo que habrán venido a verte-le dijo Isabel. Sin referirse a nadie, ambas sabían que estaba hablando de la Policía.
—Ayer por la tarde. Un hombre pelirrojo, muy alto y con una cicatriz atravesándole la cara, y un muchachito imberbe con una libreta en la que iba anotando a saber qué tonterías.
—Sí, los mismos que han estado en casa. El pellirrojo me saca de quicio. ¡Qué hombre tan horrible!
La anciana le sirvió café y aprovechó para mirarla de reojo. Se notaba por sus ojeras oscuras que no había dormido mucho, y seguramente había estado fumando sin control, porque le temblaban ligeramente las manos y apuraba el café como si le fuese la vida en ello. Se notaba que estaba nerviosa.
—¿Tú crees de verdad que alguien le ha envenenado?
Matilde demoró la respuesta mientras ponía azúcar en el café y removía cuidadosamente.
—No tiene mucha importancia lo que tú y yo creamos. El hecho es que parece ser que tienen pruebas, con lo cual debe ser cierto. Aunque también a mí se me hace difícil de entender. ¿Quién podría odiarle tanto como para matarle?
—No tengo ni idea. Aunque esta noche he pensado que quizá el marido de esa enfermera que viajaba con él podría haberse enterado del lío y…
No la dejó que terminase la frase.
—No creo que Álvaro tuviese una amante. Eso no va con su carácter. Era demasiado egoísta y cómodo hasta para eso.
Isabel se mordió los labios, pensativa. Era normal que su madre le defendiese. Pareciese que Matilde pudiese entrar de lleno en la cabeza de su nuera, porque volvió a hablar tocando ligeramente su mano.
—Ya sé lo que piensas. Que es normal que saque la cara por mi hijo. Pero créeme, no lo hago por eso. Verás-empezó, con voz algo cansada, no digo que Álvaro te haya sido siempre fiel.
—Hacía mucho tiempo que dormíamos separados-la interrumpió la nuera.
—Me imaginaba algo semejante. Y no me preguntes por qué. El nada me contó, por supuesto; pero en realidad nunca os vi como a una pareja enamorada. Ni siquiera al principio.
Jugueteó un poco con la servilleta, no sabiendo qué contestarle. Nunca había pensado que fuese tan obvio que Álvaro y ella estaban distanciados.
—Pero ¿Sabes que no le imagino con una amante fija? Tu marido y mi hijo-dictaminó-era perezoso en lo emocional hasta para eso. Tiene que haber una explicación lógica para la presencia de esa mujer en su coche.
Se encogió de hombros.
—En realidad, Matilde, no es que me importe mucho. Quiero decir que no es como si le amase y me hubiese traicionado. Quería a Álvaro, es imposible no querer a alguien con quien has estado más de diez años; pero no estaba enamorada de él. Y si me dolió lo de esa mujer fue sobre todo por la humillación pública. No es agradable tener a toda la ciudad comentando sobre tu vida.

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