12 de mayo de 2018

AULLANDO A LA LUNA





He arrastrado mis pies
descalzos por rastrojos
encendidos, hirientes
de dolor, y también, ya ves,
de desafío.

He sentido los dientes
de la soledad horadando
mi carne, dejando
regueros ardientes
de preguntas sin sentido,
de noches despiertas
y mañana de bruma,
en un universo lejano y perdido.

Me han visitado mil
fantasmas de acero que,
cada media hora,
apuñalaban mi alma
y me arropaban entre
mullidas capas de
pesadillas oscuras.

Y una tarde de
otoño, al abrigo de torres
de piedra y losas
cargadas de Historia,
me envolviste en un
manto de calma
que vino a borrar
todas mis preguntas
lanzadas al viento
cortante y frío.

Y caminamos juntos,
tan solo nos detenemos
para aullar a la luna,
dejando atrás lágrimas
de cristales rotos y días
de amarga y triste fortuna.

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